

LA TORMENTA
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Diagnóstico de situación y conceptualización de los consumos problemáticos
Si bien todas las sociedades a lo largo de la historia estuvieron atravesadas por el uso de sustancias, muchas veces como “vehículos hacia lo sagrado” o “facilitadoras del vínculo social” es con el advenimiento del actual modelo económico y social que las sustancias empiezan a configurarse como algo problemático al disociarse de su rol comunitario y convertirse en simples mercancías, productos híper-ofertados cuyo consumo generalizado favorece a los propietarios de sus medios de producción dejando como efecto, entre otras cosas, al conjunto de las clases populares adormecidas.
Sostenemos que los consumos problemáticos de sustancias no son algo azaroso ni un problema individual, sino más bien; un problema colectivo apoyado desde un modelo económico, sostenido en una sociedad de consumo.
Entendemos al consumo problemático como el uso indebido de sustancias y sus efectos negativos en la vida del sujeto y la comunidad. En los territorios donde se encuentra anclada nuestra experiencia es común el consumo (siempre problemático) de pasta base así como el abuso de alcohol y otras sustancias en adultos, jóvenes, niños y niñas, es decir el policonsumo.
Para quienes asisten a nuestros centros, el consumo pareciera ser una “solución”, una “anestesia” a la precariedad y el malestar de la carencia, síntoma ya no sólo psicopatológico sino más bien social, es decir que sus causas y tratamiento no se reducen a un factor personal sino también, y sobre todo, social y político.
¿Usuario, paciente o compañero?
Detrás de cada pibe y cada piba hay una historia
Es sobre los jóvenes de las clases populares, criminalizados y estigmatizados, donde recae el poder destructivo de una droga de exterminio como la pasta base, sustancia no apta para el consumo humano, pensada para eternizar y profundizar la marginación y exclusión. El consumo y la violencia se transforman en un circuito que no se detiene y arrastra no solo a la persona que consume sino también a su entorno, a la comunidad, a los vecinos y vecinas de las villas y barrios populares, mientras los narcos, empresarios de la noche, funcionarios y fuerzas represivas continúan enriqueciéndose.
Lógicas de violencia en los barrios e imaginario colectivo
Las lógicas de violencia en las que se ven insertos los y las jóvenes de los barrios populares son un eslabón del brutal engranaje del entramado territorial que involucra al narcotráfico, a las fuerzas de seguridad y al Estado como actores fundamentales en el marco de las violencias del territorio. Estos jóvenes no son solo consumidores de sustancias como la pasta base, sino soldaditos de los transas del barrio o satélites. En relación a lo anterior, es interesante explorar entre las conceptualizaciones que los jóvenes los barrios tienen sobre la figura del pibe chorro, eterno enemigo de los transas arruina pibes pero sujeto a estos por su problemática de consumo.
El pibe chorro ocupa un alto lugar jerárquico entre los jóvenes siendo categorizado según los tipos de robos que realice y diferenciado de aquellos adultos involucrados en otras actividades delictivas como ser “piratas del asfalto”, “robo de bancos” y otras actividades que en muchos casos suelen ser solo una fantasía digna de admiración por parte de los más jóvenes que comienzan a introducirse en esta lógica.
En cuanto a las chicas, la cuestión es un tanto más compleja: muy pocas suelen dedicarse al robo, la mayoría que se encuentra dentro de esta lógica se dedican a la venta de sustancias dentro del barrio siendo regentadas por un transa de mayor categoría y a quienes habitualmente se les paga por “su trabajo” con sustancia. Además ofrecen su cuerpo como elemento de mercancía para poder obtener sustancias o dinero para poder comprarlas, o bien, mantienen una relación sentimental con algún transa del barrio para obtener protección y/o sustancias.
Nuestra mirada
Entendemos que pensar la problemática de consumo únicamente desde lo individual es una mirada limitada y errónea , es por ello que no solo trabajamos en relación a lo específico del consumo de sustancias sino también sobre la problematización de la identidad colectiva e individual que los atraviesa en el territorio.
Se apunta a la construcción de otra identidad que, sin desconocer o anular su historia previa, sume otros elementos que los ayuden a pensarse desde otro modo de vida, construyendo en conjunto herramientas que le sirvan a los jóvenes para enfrentar los estigmas y señalamientos que sufren a diario proponiendo un camino de lucha para la propia vida, saliendo así de la pasividad en la que los ubica el consumo que los vuelve objetos. Esto es uno de los ejes desde los cuales se piensan las intervenciones cotidianas en Puentes.

ESCUCHÁ A LOS PIBES EN PRIMERA PERSONA
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