

Cuentan las gaviotas que, cuando se desatan las más terribles tormentas, mar adentro ocurren cosas que no se ven desde la orilla...




Se dice que algunos navegantes, pescadores y marineros caen rendidos al mar después de luchar contra la tempestad. Sus barcos se hunden y ellos, desprovistos de brújulas o mapas, pierden el rumbo frente a los ojos de otras embarcaciones que, muy ocupadas en no desviarse de sus rutas, los ignoran y siguen de largo.


En los amaneceres embotellan sus sueños y planes y los tiran al mar, esperando que alguien los lea. Carentes de respuestas, muchas veces se dan por vencidos.




Sumergidos en el total desamparo, se dejan seducir por los hipnóticos cantos de las sirenas. Efectiva anestesia, estos seres alivian su dolor y su cansancio con su dulce voz, casi como un embrujo. Aún conscientes de que ese no será el modo de arribar a buen puerto, se entregan a un estado de adormecimiento que los empuja lentamente al fondo del mar.


Quienes consiguen llegar a tierra firme dicen que, durante su tiempo en el mar, una gaviota llamada Don Simón los sobrevolaba e invitaba a buscar la luz del faro.




En el camino, buques, barcos y barquitos se acercaban para tenderles un salvavidas o compartir las herramientas para que construyeran sus propias balsas.


Cuando se encontraban con otros náufragos, descubrían que remar juntos en una misma dirección, lo hacía todo más fácil.



EL EQUIPO DETRÁS DEL PROYECTO
En esta actividad de vinculación nos reunimos con una integrante del grupo Involucrate para intercambiar miradas y charlar de nuestra experiencia al trabajar con esta problemática.